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¿Usted es adicto?

Yo creía que tenía la idoneidad para hablar de ciberdependencia. De hecho, adopté unas reglas básicas: no usar el celular cuando nos sentamos en la mesa a comer, por supuesto ni asomarlo mientras llevo a cabo alguna reunión, desconectarme mientras estoy en familia, entre otras.

Sin embargo, hace poco hice una actualización en el software de mi móvil que incluye entre sus novedades la aplicación de “Tiempo en pantalla”. Cuando la usé, me horroricé. Me horroricé de mi mismo.
La aplicación me mostró que en los últimos siete días había pasado frente a la pantalla de celular cinco horas en promedio por día y en la última semana había gastado 24 horas solo usando WhatsApp.

¿Aterrador, no creen?

El desarrollo e inclusión de está aplicación para las últimas actualizaciones de nuestros dispositivos no es más que la respuesta de gigantes como Apple o AT&T ante la tendencia que estamos asumiendo los seres humanos de consumirnos frente a la pantalla de celulares, tabletas, computadores y televisores y como una forma de adelantarse a las regulaciones mundiales que se ven venir en esta materia y que es lo que conocemos como ciberdependencia.

Este término hace referencia al uso imprescindible de herramientas tecnológicas, invirtiendo una muy buena cantidad de tiempo en ellas e interfiriendo en el curso normal de la vida.

Algunos síntomas son la ansiedad por no estar conectado o saber qué está pasando en el mundo digital, el apego, manifestado por la revisión por largos períodos de sus redes sociales, síndrome de alienación que es cuando una persona se siente sola o triste porque no está conectada con los demás a través de su dispositivo, entre otros sentimientos que se generan por el uso desmesurado de la tecnología y que como toda adicción tiene consecuencias en la salud.

“Tiempo en pantalla” es una forma de autoregulación. De la misma manera como cuando uno se sube a una balanza y ve los números pasados de su límite e intenta tomar medidas para mejorar su alimentación, sucede cuando se decide entrar y revisar la estadística que aloja esta aplicación sobre su relación con sus dispositivos tecnológicos. Empieza a inquietarse y a generar conciencia sobre sus hábitos.

Por eso hoy a través de esta columna yo quiero invitarlo a que, si tiene la posibilidad, usted y su familia se haga el autoexamen. Entre sin miedo a la aplicación y revise cómo interactúa con la tecnología; en qué invierte su tiempo, si lo está dedicando a elementos productivos, al ocio o si se está perdiendo tiempo valioso que podría destinar para mejorar algo más.

Recuerde que el tiempo es oro, pero que el tiempo compartiendo con los demás es irremplazable. La tecnología llegó para facilitarnos la vida y para acercarnos con los demás, mas no para desconectarnos del mundo real.

La tecnología tiene muchos beneficios, pero también muchísimos riesgos y como partidarios de la implementación de la digitalización es nuestra responsabilidad hablar de ellos sin tabúes, sin tapar el sol con un dedo para poder enfrentar y acercar su correcto uso.

Ahora que tengo su atención: grabar como se insulta y ofende a alguien para volverlo viral no es una muestra de valentía, es una prueba de falta de educación. Uno no anda por ahí insultando a diestra y siniestra a ningún ciudadano, ni a ningún expresidente. De nuevo reflexionemos sobre los odios que se infunden en redes sociales y la manera en que estamos usando estas herramientas.

 

Fuente: La República

2018-10-11T13:21:04+00:00 octubre 11, 2018|Categorías: Columnas|Sin comentarios

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