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No hay excusa

Hace un par de meses escribí en este mismo espacio una reflexión sobre qué es lo que estamos respirando. En ese momento, me sorprendió que por primera vez entre las preocupaciones de los ciudadanos se encuentra la calidad del aire. Esto tiene una explicación: mayor conciencia, mayor comprensión, la contaminación desencadena graves enfermedades respiratorias que afectan a los niños, afecciones que son las que más se presentan en Bogotá, también impactan la vida de los adultos y la productividad, por ejemplo, las incapacidades de padres trabajadores que deben llevar constantemente a sus hijos a centros médicos.

En 2006, cuando hice parte del Congreso de la República, logramos que por primera vez la totalidad de la bancada por Bogotá se pusiera de acuerdo para presentar la Ley del Diésel y pese a la gran oposición que en aquel entonces hizo Ecopetrol, la sacamos adelante. Esa Ley logró reducir el contenido de azufre del diésel de 4.500 a 50 partes por millón. Siendo el diésel, en ese momento, el principal combustible con el que se movía el transporte público. Este, tal vez, fue el primero y más importante avance que hasta el momento se ha alcanzado en una agenda pública sobre calidad del aire.

Por eso, sorprende mucho (bastante, a decir verdad) que la Administración Distrital, teniendo la posibilidad de dar otro paso importante en cuanto a calidad del aire se refiere a partir de la decisión de reemplazar la flota de Transmilenio, no haya tomado una determinación mucho más agresiva para lograr que los nuevos buses llegaran a ser vehículos eléctricos. Ya muchos sistemas de transporte en el mundo piensan en actuar de esta manera.

Claro que sí, la decisión de implementar buses eléctricos impacta la tarifa y la hace más costosa para el ciudadano, pero personalmente, a diferencia de lo que piensa el Distrito, estoy absolutamente convencido que la administración distrital debe subsidiar la tarifa. No puede convertirse en una obsesión que el sistema tiene que ser totalmente autosotenible pasando por alto las necesidades de sus usuarios. La razón principal del sistema de transporte es pensar en la gente, hacer más fácil su vida e impactar la calidad de la misma, por eso es tan importante subsidiar la tarifa.

No nos puede dar temor tomar esa decisión. Los ciudadanos pasan entre una y dos horas en el transporte público y necesitamos darles mejores condiciones de vida, esto se hace a partir de un mejor sistema de transporte compatible con la salud de la gente, así esto implique subsidiar la tarifa. Es el deber de la Administración, servir al ciudadano.

De nuevo repito mis palabras: el aire no vota, el aire no habla, pero en definitiva el aire es el elemento que más nos impacta. Hay que convertirlo en una prioridad en la agenda pública.

Ahora que tengo su atención: las enfermedades respiratorias no son de izquierda ni de derecha, son un grave problema que tienen hoy nuestros niños, nuestra sociedad. Los problemas de los bogotanos hay que resolverlos construyendo sobre lo construido, pero sobre todo innovando. Los únicos que ganan polarizando son los de siempre, quienes perdemos somos los ciudadanos.

 

Fuente: La República

2018-11-08T21:58:17+00:00 noviembre 8, 2018|Categorías: Columnas|Sin comentarios

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